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domingo, 8 de diciembre de 2024

Los cinco lenguajes del amor


En mi intención de crear un podcast relacionado con lo que escribimos en este blog, he estado indagando los diferentes podcasts que ya hay, para coger ideas, descartar otras e ir aprendiendo cositas.

He escuchado: "Sobran las palabras" y que me ha gustado. Al principio he escuchado uno sobre inteligencia artificial y las relaciones, que me da para hacer mi propio podcast, pero después he escuchado el inicial, ("He comenzado mi podcast porque me he cansado de mi vida diaria) en el que Álvaro Embid, que es el chico que lo hace cuenta el porqué y para qué de su podcast, aunque él lo graba también en vídeo y lo emite por YouTube.

Lo que me ha dado pie a escribir aquí es que ha hecho una pregunta a su entrevistado /entrevistador, ya que era un poco quid pro quo.

La pregunta era sobre los lenguajes del amor y cuál usaban ellos.

Hay 5 lenguajes del amor: palabras, tiempo de calidad, regalos, actos de servicio y contacto físico. No están en orden ni nada, ni unos son más importantes que otros. Simplemente, son distintas formas de demostrar afecto en los distintos tipos de relaciones y todos son igual de válidos.

Yo me he percatado de que demuestro afecto con tiempo de calidad, regalos y actos de servicio. Hay veces que incluso con demasiada frecuencia, lo que puede dar pie a malos entendidos. Y de lo que he sido consciente, y por eso escribo esto, porque es un pensamiento en voz alta, es porque no soy muy de contacto físico ni de decir cosas bonitas, ni de caricias, ni abrazos, ni coger la mano... Ese aspecto lo reservo más para las relaciones de pareja y así y todo, tampoco es que sea demasiado efusiva.

A lo que iba, que aunque mi forma de demostrar afecto sea igual de válida que las otras y aunque no estén numeradas ni unas se consideren más importantes que otras, me da la sensación de que socialmente, sí hay unas mejor consideradas que otras, o más obvias, tal vez.

El hecho de coger de la mano, de abrazar, y sobre todo, de dar un beso, son formas muy obvias de dar amor y como a mí no me sale, ni siquiera con mi familia (yo soy de las que sólo da dos besos en Navidad o en los cumpleaños), pues parece que con las otras actitudes, quiera compensar estas carencias y que eso sea lo que me hace ser demasiado servicial. El estar siempre disponible cuando los demás lo necesitan, incluso siempre por delante de mí, el tener dinero para comprar cosas para otros cuando igual para mí no me lo permito...

Parece que el estar disponible para cuando el otro te necesita es una demostración de amor menos obvia que el hecho de darle un beso o un abrazo. Y me da que yo la llevo al extremo para que se entienda bien. Incluso generalmente, hasta me anticipo a que me lo pidan.

O el tema de los regalos, que más que regalos, son los pequeños detalles: el ver una cosa en un escaparate y comprarla para la persona a la que te recuerda, es una forma de decirle: "me he acordado de ti". Igual que escuchar una canción y mandársela porque te recuerda a él. O un libro, o una frase escrita en cualquier lugar... ¡Hay tantas cosas que se pueden regalar como demostración de afecto!

Lo que me venía a la mente, es que como me da la sensación de que son menos obvias, o menos convencionales, parece que me tenga que esforzar más por demostrar que la otra persona me importa, que si tuviera la capacidad de escribir "me importas mucho", "te echo de menos", "te quiero", "me apetece mucho verte" en un mensaje de Whatsapp. Esta claro, que esto último, al menos no deja lugar a dudas. 😉

Bueno, pues eso, que si te regalo algo es porque lo he visto, me ha recordado a ti y me ha apetecido comprártelo. Es mi manera de decir: "Me importas y te tengo en cuenta". Ya sé que no tengo obligación de hacerlo, al igual que no tengo obligación de dar un abrazo, lo hago porque me apetece y punto. Porque me hace feliz saber que ese pequeño detalle, te hará feliz.

Así que ya sabes, elige la forma que más te resuene, sea cual sea, pero nunca, nunca, dejes de demostrar a tus seres queridos que de verdad los quieres.

Y recuerda, que el mundo es un espejo y te devuelve el reflejo de tu mirada. Así que mírala con mucho amor! 💖

Sé feliz! Y siempre, siempre, siempre... brilla desde tu esencia!

Nos vemos en el Camino! 💙→


Te dejo los enlaces al Podcast en las distintas plataformas:


https://podcasts.apple.com/es/podcast/la-mirada-de-sof%25C3%25ADa/id1835861791

@lamiradadesofia

lamiradapositivadesofia@gmail.com

miércoles, 2 de mayo de 2018

EL LADRILLAZO

EL LADRILLAZO

Un joven y triunfador ejecutivo paseaba a toda velocidad en su Jaguar último modelo sin ningún tipo de precaución. De repente, sintió un fuerte golpe en la puerta; se detuvo, y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, la carrocería y el cristal de la puerta de su lujoso automóvil. Nuevamente al volante, continuó su camino; pero lleno de ira dio un brusco giro de ciento ochenta grados y regresó a toda velocidad al lugar donde vio salir el ladrillo que acababa de dañar su lujoso coche.

Salió del coche de un salto y agarró por los brazos a un niño, y empujándolo hacia el coche estacionado, le gritó a viva voz:
- ¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi coche? - y enfurecido y casi echando humo, continuó gritándole al niño -. ¡Es un coche nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro! ¿Por qué hiciste eso?
- Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho! ¡No sé qué hacer! - suplicó el niño -. Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía...

Las lágrimas rodaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia donde estaba el coche aparcado.
- Es mi hermano - le dijo -. Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo... y no puedo levantarlo. Sollozando, el niño le preguntó al ejecutivo: ¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Tiene magulladuras y pesa mucho para mí solito... soy muy pequeño. 

Visiblemente impresionado por las palabras del niño, el ejecutivo tragó el nudo que se  le había formado en la garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; además, sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco los cortes de las heridas del hermano de aquel niño tan especial.

Después de comprobar que se encontraba bien, miró al niño y éste le dio las gracias con una sonrisa de verdadero agradecimiento...
- Dios lo bendiga, señor..., y muchas gracias - le dijo.

El hombre vio cómo el niño se alejaba hacia su humilde casa, empujando con mucho esfuerzo la pesada silla de ruedas de su hermano.

El ejecutivo aún no ha reparado la puerta de su coche, manteniendo la abolladura que le hizo el ladrillazo, para acordarse cada día de no ir por la vida tan deprisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

ANÓNIMO

Dios, normalmente, nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo para ver si le prestamos atención. Tú eliges: escuchar el susurro... o el ladrillazo...
(Extraído del libro "Cuentos con alma" de Rosario Gómez

¿Cuánto tiempo hace que no te paras a mirar a tus hijos? ¿Cuánto hace que no les "escuchas" con el corazón? ¿Cuándo fue el último café que te tomaste con tus amigas? ¿Cuál fue la última conversación sincera contigo misma? ¿Has notado que siempre eres la última que se entera de lo que pasa a tu alrededor...?

Tal vez sea porque no estás con los ojos abiertos a los demás. Deja que Dios te hable en susurros y tómate un momento para escucharle, no sea que al final el ladrillazo duela demasiado.

@lamiradadesofia
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domingo, 5 de febrero de 2017

La historia de Shaya

Hoy os voy a contar una historia sobre la verdadera integración de los niños con dificultades. Está extraída del libro "El poder de la intención" del Dr. Wayne Dyer. Espero os sirva de inspiración. 

"Una tarde, Shaya y su padre estaban paseando por un parque en el que estaban jugando al béisbol unos niños que Shaya conocía. El niño preguntó: "¿Crees que me dejarán jugar?". El padre sabía que Shaya no tenía aptitudes para el deporte, y que la mayoría de los chicos no iban a quererlo en su equipo, pero también comprendió que si admitían a su hijo en el partido, se sentiría aceptado. Se acercó a uno de los chicos que estaban en el campo y le preguntó si podía jugar Shaya. El chico miró a todos, buscando apoyo en sus compañeros. Como nadie le hizo caso, lo decidió él sólo y dijo: "Vamos perdiendo por seis carreras y el partido está en la octava entrada. Supongo que puede venir en nuestro equipo e intentaremos ponerlo a batear en la novena entrada".
El padre de Shaya se quedó extasiado al ver la radiante sonrisa de Shaya. Al chico le dijeron que se pusiera una guante y se fuera a jugar de centrocampista. Al final de la octava entrada el equipo de Shaya se apuntó varias carreras, pero aún perdía por tres. En la segunda de la novena entrada, volvió a marcar el equipo de Shaya y, con dos fuera, las bases cargadas y la carrera potencialmente ganadora en base, Shaya tenía que salir a jugar. ¿Dejaría el equipo que Shaya bateara en tal situación y perder así la posibilidad de ganar el partido?
Sorpresa: a Shaya le dieron el bate. Todos sabían que era prácticamente imposible, porque ni siquiera sabía sujetar el bate como es debido, y mucho menos golpear. Sin embargo, Shaya fue hacia la base del bateador y el lanzador avanzó unos pasos para lanzar la pelota con suavidad para que Shaya al menos pudiera tocarla. Llegó el primer lanzamiento; Shaya blandió el bate torpemente y falló. Uno de sus compañeros de equipo se acercó a él y entre los dos sujetaron el bate a la espera del siguiente lanzamiento. El lanzador volvió a adelantarse unos pasos para disparar con suavidad. Cuando llegaba la pelota, Shaya y su compañero de equipo balancearon el bate y juntos devolvieron una pelota lenta al lanzador. El chico recogió el tiro y fácilmente podría haber lanzado la pelota al jugador de primera base. Shaya habría quedado fuera y habría acabado el partido. Pero el lanzador cogió la pelota y la disparó describiendo un alto arco, muy lejos del alcance del jugador de primera base. Todos se pusieron a gritar: "¡Corre a la primera, Shaya! ¡Corre a la primera!". Shaya no había hecho semejante cosa en toda su vida. Correteó por la línea de saque con los ojos como platos, asustado. Cuando llegó a la primera base, el extremo derecha tenía la pelota. Podría haberla lanzado al jugador de la segunda base, que habría cogido a Shaya que seguía corriendo.
Pero el extremo derecha comprendió las intenciones del lanzador y lanzó muy por encima de la cabeza del jugador de tercera base. Todos gritaron: "¡Corre a la segunda!". Shaya se dirigió a la segunda mientras los jugadores que iban delante de él daban vueltas como locos en dirección a la meta. Cuando Shaya alcanzó la segunda, el parador contrario corrió hacia él en dirección a la tercera base y gritó: "¡Corre a la tercera!". Mientras Shaya daba la vuelta a la tercera, los chicos de los dos equipos chillaron: "¡Corre a la base de meta!". Shaya entró en la base de meta, y los dieciocho chicos lo llevaron a hombros, todo un héroe, como si fuera un auténtico "barrebases" que había hecho ganar a su equipo.
"Ese día los dieciocho chicos alcanzaron el nivel de la perfección de Dios", concluyó el padre mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.

Si no se te encoja el corazón y no se te escapa una lágrima al leer esta historia...

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