La
aceptación incondicional de una misma es la “primera ley del
crecimiento personal”.
Tú
eres lo primero que te encuentras cada día, y con la que vas a
caminar el resto de tus días, así que lo mejor para llegar donde
quieres, es tratar de ser tu mejor compañera de viaje.
No
puedes realizarte si no te quieres, y no puedes quererte si no te
gustas y no puedes siquiera gustarte si no te aceptas.
Debes
aceptar cómo eres, con lo que te gusta y con lo que no.
Aquello
que te gusta, lo utilizarás como trampolín en el que apoyarte
cuando decaigas, y lo que no te gusta, trabajarás en ello para
mejorarlo, cambiarlo y llegar a un punto en que te guste y te sientas
orgullosa.
Ya
has visto que aceptarse no significa gustarse. Te aceptas con tus
imperfecciones y limitaciones, de manera incondicional. Desde esta
aceptación serena, puedes diseñar y elegir los cambios y mejoras
que quieres realizar para convertir en positivos aquellos aspectos
que no te lo parecen tanto.
Debes
reconocer y aceptar tus limitaciones y temores, pero sin
identificarte con ellos. Debes ser más grande que ellos y luchar por
superarlos. Todos tus miedos, la ira, el rencor, la envidia... irán
desapareciendo a medida que los aceptes con serenidad y les pierdas
el respeto.
Debes
decidir aceptar lo que no te gusta como una realidad propia desde la
que partes hacia tu mejora y perfeccionamiento.
Ámate
a ti misma con esas limitaciones y crea una imagen de ti misma en tu
dimensión renovada y perfeccionada. Con esta nueva imagen de ti
misma, pero consciente de la propia realidad negativa que vas a
cambiar, intenta comportarte, vivir y sentir tal y como deseas ser.
Si
eres constante y realizas el proceso con calma y en paz contigo
misma, verás una mejora y transformación en aquellos aspectos que
menos te agradan de ti.
Y
al igual que tú, los demás también pueden cambiar. Algunos, ya
están realizando poco a poco su proceso. No juzgues ni encasilles a
nadie, nunca sabes en qué punto está. Todo el mundo puede cambiar y
antes de juzgar, intenta ayudar e incluso compartir con esa persona
tu proceso de cambio. Es una forma de ayudarle a ver que no está
sola en este camino y de animarle a dar el paso para su
transformación interior.
Ahora,
mantén una animada charla contigo misma sobre lo que más te gusta o
te disgusta de tu persona, confecciona una lista con lo positivo y
otra con lo negativo y haz un plan para trabajar en aquellas cosas
que quieres cambiar o mejorar. Escribe un resultado a largo plazo y
ve concretándolo en pequeñas actuaciones diarias, semanales,
mensuales... que poco a poco irán creando un gran cambio en ti.
Celebra
los “pequeños” logros.
Y
durante el proceso... Sé feliz!
A
partir de ahora, tú serás lo que decidas ser.
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