El post de hoy es un poco extraño.Os cuento: estoy dándole forma a la idea de hacer una serie de podcast que se llaman como este blog: "La mirada de Sofía". La idea es la misma: contar las experiencias de Sofía, que ya sabéis que soy yo, pero también sois vosotras, que compartimos historias y que todas las historias pueden ser las nuestras. Simplemente he añadido un nuevo formato a esta idea. Supongo que será por esto de evolucionar... 😉
Cuando comencé a hacer pruebas, la idea era comenzar con los posts que ya tenía escritos y darles forma. He hecho un par y no ha ido mal, pero hoy me ha costado elegir en cuál centrarme. De hecho, probablemente, cambia hasta el enfoque, pero esa no es la cuestión de hoy.
¿Cuál es el problema? Que la persona que soy ahora no es la misma que escribió esos posts y me acabo de dar cuenta de que debo dejarlos como están y comenzar de nuevo.
El post que había elegido para este podcast era un café con Dios y pretendía ser una continuación del café conmigo misma, pero me he dado cuenta de que ha cambiado el enfoque y lo tengo que reformular. Después me puse a mirar otros post, para ver si los podía relacionar y me encontré con el de "Cuando la vida te dice: ¡No!" y lo mismo, no me cuadran ya algunas cosas. Es cierto que en su momento eran ciertos y los viví como tal, pero ahora hay cosas que han cambiado. Tal vez son matices, pequeñas percepciones... pero necesito renovarlos para seguir siendo mi yo de ahora.
Los pequeños matices son: que aunque sigo creyendo en Dios, en que hay algo superior que nos mueve, también sé que Yo soy parte de ese Dios, de esa energía, de ese Amor, por lo que el café me lo tomé conmigo misma.
Entendí que Dios no me había perdonado, sino que necesitaba mi propio perdón, necesitaba dejar de cargar con la culpa. Era el momento de tomar responsabilidad por las acciones realizadas, buenas o malas, y seguir adelante. Entendí que soy yo la que debe entender sus propias razones, librarme de todas esas emociones o situaciones que he vivido y que he cargado en modo de traumas y que me han impedido ser quien realmente he venido a ser.
Entendí que soy yo también la que ha de perdonar a los demás, sanar el pasado para poder dejarlo atrás y continuar avanzando. Entendí la diferencia entre suplicar a un Dios y darme a mí misma lo que quiero o necesito. Entendí que Dios no te quita ni te da nada, sino que eres tú misma, con tus acciones y pensamientos, quien creas tu realidad; que nadie te da ni te quita nada, sino que lo creas tú, tanto lo bueno como lo malo; entendí que era el momento de hacerme responsable de mis propios pensamientos y acciones, asumir las consecuencias y avanzar.
En ese post cuento que al principio había sido todo un poco incómodo, porque después de tanto tiempo desconectada de Dios, de pensar en algo más allá de dejarse llevar por el día a día, costaba volver. Sobre todo porque yo ahí lo entendía como un abandono a mi Padre, y ahora me doy cuenta de que me había abandonado a mí misma.
En ese café le puse al día de todo lo que había vivido hasta ese momento y de cómo me había sentido, e incluso le hablé de mis verdaderas emociones y de las verdaderas razones que me habían impulsado a actuar de esa manera. Me costó un montón, pero fue realmente un ejercicio muy sanador y sobre todo, porque al finalizarlo, me di cuenta de que Él ya lo sabía TODO.
Ahora sé que Él también soy yo, por eso ya lo sabía todo. Simplemente yo necesitaba hacer el ejercicio de sincerarme, con Dios, conmigo, con mi diario... con quien sea, pero este ejercicio se debe hacer. Por eso mantengo lo escrito, porque sigue teniendo significado en mi vida aunque con un enfoque distinto. Por eso sigo escribiendo mi diario, lo vivido y especialmente, cómo me siento, para poner nombre a mis emociones, para aprender a expresarlas, a sacarlas a la luz y no acumularlas.
También he aprendido con esto que muchas veces prejuzgamos las emociones y que como tales, no son buenas ni malas. Son emociones y nos debemos permitir sentirlas. Todas y cada una de ellas forman parte de quién somos y están ahí para enseñarnos algo. No te creas peor que el resto por sentir rabia ante una circunstancia o envidia ante alguien. Esas emociones te están hablando y debes escucharlas. No son peores ni mejores que sentir alegría. Ni la alegría es mejor ni peor que la duda o el miedo, o que la tristeza. Lo importante de las emociones es aprender a gestionarlas para que no controlen nuestra vida y para evitar que hagamos daño a alguien.
También cuento en ese post que le conté mis inquietudes y le pedí consejo y que en forma de "serena intuición", me llegaron las respuestas. Ahora sé que las respuestas llegaron porque yo estaba preparada, porque me abrí a recibir esa ayuda en forma de consejo. Me llegaron las respuestas porque aunque me asustara llevarlas a cabo, eran las que necesitaba oír, aunque me costaran, porque implicaban salir de mi zona de confort. Respuestas a las que hice caso y que me han ayudado a avanzar en distintos aspectos de mi vida.
Escribí también que sabía que iba a ser el primero de muchos cafés y así ha sido. Sé que Dios, los guías, los ángeles, el Universo, o en lo que cada uno crea, me escucha cuando lo pido, sé que a veces no me gustan las respuestas, pero también sé que son las acertadas, las que me van a hacer cuestionarme cosas, las que van a hacer que deje mi zona de confort y las que me van a acercar a mi propósito de vida.
Por eso voy a seguir tomándome ese café con Dios, porque aunque sé que también soy Yo, sé que en esos momentos, mi ego se hace a un lado; las respuestas son más inspiradas y me producen una sensación indescriptible de paz y amor incondicional.
¿En qué has cambiado tú?
Recuerda que el mundo es un espejo que refleja la forma en que lo miras, así que mira hacia adelante y descubre tu mejor versión.
Sé feliz! Y siempre, siempre, siempre... supérate a ti misma!
Nos vemos en el Camino! 🔀💛
@lamiradadesofia
lamiradapositivadesofia@gmail.com