jueves, 23 de agosto de 2018

EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIÉN ERA

Había una vez, en algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales.
Todo era alegría en el jardín, y todos ellos estaban muy satisfechos y felices; excepto un sólo árbol, profundamente triste. El pobre tenía un problema: no daba frutos.

- No sé quién soy - se lamentaba.
- Lo que te falta es concentración (le decía el manzano). Si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?
- No lo escuches (exigía el rosal). Es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?
Y desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
- No te preocupes, tu problema no es tan grave; es el mismo de muchísimos seres sobre la Tierra. Es tu enfoque lo que te hace sufrir. No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo cómo eres. Y para lograr esto, escucha tu voz interior.
Y dicho esto, el búho se fue.
- ¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...?, se preguntaba desesperado el árbol.
Y se puso a meditar estos conceptos. 
Finalmente, de pronto, comprendió. 
Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón y pudo escuchar su voz interior, diciéndole:
"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quien eres. ¡Sé lo que eres!"

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo, y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos.
Y sólo entonces, el jardín fue completamente feliz, cada cual celebrándose a sí mismos y a los otros...

AUTOR DESCONOCIDO

Aprende a ser quien eres. No trates de ser igual a otros. Valórate por lo que tienes de especial. Cada cual tiene su propio sello y así tiene que ser: todos tenemos valor en la medida que sepamos más quiénes somos.
Acepta que eres diferente, que tienes tu propia misión en esta vida. Haz lo que te guste hacer, ignora lo que quieren los demás que hagas.
Sé tu mismo. Vive tu vida y ¡Sé feliz!

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lunes, 20 de agosto de 2018

CUANDO LA VIDA TE DICE: "¡NO!"

Te habrá sucedido muchas veces que la vida te ha dicho NO. Probablemente en las situaciones en las que más esperabas o necesitabas un SÍ.
En esos momentos tu fe se tambalea, disminuye la confianza en ti misma y todo a tu alrededor parece comenzar a ir peor.
Muchas de esas veces hemos rezado día y noche para que "se nos concediera el deseo" y nos sentimos defraudadas y dolidas porque parece ser que "a mí, no", "a mí Dios no me escucha" ¿Por qué hace esto? ¿Qué es lo que he hecho mal?

Si te paras a reflexionar, en la mayoría de esos momentos, después de esa "divina negativa", ha acontecido algo inesperado e incluso mejor, que lo que habíamos pedido. Lo malo es que en esos momentos nos olvidamos de dar las gracias, y ahí ya no preguntamos "¿por qué a mí?"

Cuando la vida nos da un NO por respuesta, en lugar de perder la fe y sentirnos víctimas de un destino que no podemos controlar, lo que debemos hacer es plantearnos el porqué de esa negativa.
Ya hemos visto que, a veces, la negativa no es tal, sino que la vida te está diciendo: "¡Espera!", "Tengo algo mejor para ti", "No te conformes con menos de lo que mereces"...
Esta es probablemente la más común de las respuestas de la vida, pero pueden haber más:
  • Puede que la vida te diga que debes aprender a ser paciente, a seguir sembrando para recoger tus frutos, a mantener la esperanza...
  • Puede también que te diga que tienes algo que aprender de esa situación, algo que cambiar o mejorar, algo que será beneficioso para cuando adquieras eso que estás pidiendo. Piensa que si no realizaras ese aprendizaje, aunque tu deseo fuera concedido, posteriormente no serías capaz de manejar la situación y tu problema se vería agravado.
  • Puede que esa negativa te incite a desarrollar algunas cualidades que de algún modo tenías dormidas y que te serán necesarias posteriormente.
  • Puede tal vez, que sólo pretenda hacerte más fuerte, para que esa fortaleza que adquieras, te permita caminar con paso firme en el futuro.
  • Y muchas veces, puede que lo que pides, no esté alineado con tu propósito de vida, por lo que esa negativa te incita a plantearte seriamente cuál es tu misión en esta vida, qué es lo mejor se te da hacer, qué es lo que los demás admiran de ti, cuál es esa cualidad innata que tienes y que puedes monetizar...

En fin, que hay miles de razones por las que la vida nos dice que NO.
Así que cuando te encuentres otro NO en tu camino, plantéate el porqué, mantén la calma, jamás pierdas la fe y confía.
La vida siempre sabe lo que es mejor para ti.

Sé feliz!!!
Y siempre, siempre, siempre... brilla desde tu esencia!!!

Te dejo los enlaces al Podcast en las distintas plataformas:


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miércoles, 2 de mayo de 2018

EL LADRILLAZO

EL LADRILLAZO

Un joven y triunfador ejecutivo paseaba a toda velocidad en su Jaguar último modelo sin ningún tipo de precaución. De repente, sintió un fuerte golpe en la puerta; se detuvo, y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, la carrocería y el cristal de la puerta de su lujoso automóvil. Nuevamente al volante, continuó su camino; pero lleno de ira dio un brusco giro de ciento ochenta grados y regresó a toda velocidad al lugar donde vio salir el ladrillo que acababa de dañar su lujoso coche.

Salió del coche de un salto y agarró por los brazos a un niño, y empujándolo hacia el coche estacionado, le gritó a viva voz:
- ¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi coche? - y enfurecido y casi echando humo, continuó gritándole al niño -. ¡Es un coche nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro! ¿Por qué hiciste eso?
- Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho! ¡No sé qué hacer! - suplicó el niño -. Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía...

Las lágrimas rodaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia donde estaba el coche aparcado.
- Es mi hermano - le dijo -. Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo... y no puedo levantarlo. Sollozando, el niño le preguntó al ejecutivo: ¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Tiene magulladuras y pesa mucho para mí solito... soy muy pequeño. 

Visiblemente impresionado por las palabras del niño, el ejecutivo tragó el nudo que se  le había formado en la garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; además, sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco los cortes de las heridas del hermano de aquel niño tan especial.

Después de comprobar que se encontraba bien, miró al niño y éste le dio las gracias con una sonrisa de verdadero agradecimiento...
- Dios lo bendiga, señor..., y muchas gracias - le dijo.

El hombre vio cómo el niño se alejaba hacia su humilde casa, empujando con mucho esfuerzo la pesada silla de ruedas de su hermano.

El ejecutivo aún no ha reparado la puerta de su coche, manteniendo la abolladura que le hizo el ladrillazo, para acordarse cada día de no ir por la vida tan deprisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

ANÓNIMO

Dios, normalmente, nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo para ver si le prestamos atención. Tú eliges: escuchar el susurro... o el ladrillazo...
(Extraído del libro "Cuentos con alma" de Rosario Gómez

¿Cuánto tiempo hace que no te paras a mirar a tus hijos? ¿Cuánto hace que no les "escuchas" con el corazón? ¿Cuándo fue el último café que te tomaste con tus amigas? ¿Cuál fue la última conversación sincera contigo misma? ¿Has notado que siempre eres la última que se entera de lo que pasa a tu alrededor...?

Tal vez sea porque no estás con los ojos abiertos a los demás. Deja que Dios te hable en susurros y tómate un momento para escucharle, no sea que al final el ladrillazo duela demasiado.

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