miércoles, 2 de mayo de 2018

EL LADRILLAZO

EL LADRILLAZO

Un joven y triunfador ejecutivo paseaba a toda velocidad en su Jaguar último modelo sin ningún tipo de precaución. De repente, sintió un fuerte golpe en la puerta; se detuvo, y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, la carrocería y el cristal de la puerta de su lujoso automóvil. Nuevamente al volante, continuó su camino; pero lleno de ira dio un brusco giro de ciento ochenta grados y regresó a toda velocidad al lugar donde vio salir el ladrillo que acababa de dañar su lujoso coche.

Salió del coche de un salto y agarró por los brazos a un niño, y empujándolo hacia el coche estacionado, le gritó a viva voz:
- ¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi coche? - y enfurecido y casi echando humo, continuó gritándole al niño -. ¡Es un coche nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro! ¿Por qué hiciste eso?
- Por favor, señor, por favor. ¡Lo siento mucho! ¡No sé qué hacer! - suplicó el niño -. Le lancé el ladrillo porque nadie se detenía...

Las lágrimas rodaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia donde estaba el coche aparcado.
- Es mi hermano - le dijo -. Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo... y no puedo levantarlo. Sollozando, el niño le preguntó al ejecutivo: ¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Tiene magulladuras y pesa mucho para mí solito... soy muy pequeño. 

Visiblemente impresionado por las palabras del niño, el ejecutivo tragó el nudo que se  le había formado en la garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó nuevamente en su silla; además, sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco los cortes de las heridas del hermano de aquel niño tan especial.

Después de comprobar que se encontraba bien, miró al niño y éste le dio las gracias con una sonrisa de verdadero agradecimiento...
- Dios lo bendiga, señor..., y muchas gracias - le dijo.

El hombre vio cómo el niño se alejaba hacia su humilde casa, empujando con mucho esfuerzo la pesada silla de ruedas de su hermano.

El ejecutivo aún no ha reparado la puerta de su coche, manteniendo la abolladura que le hizo el ladrillazo, para acordarse cada día de no ir por la vida tan deprisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.

ANÓNIMO

Dios, normalmente, nos susurra en el alma y en el corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo para ver si le prestamos atención. Tú eliges: escuchar el susurro... o el ladrillazo...
(Extraído del libro "Cuentos con alma" de Rosario Gómez

¿Cuánto tiempo hace que no te paras a mirar a tus hijos? ¿Cuánto hace que no les "escuchas" con el corazón? ¿Cuándo fue el último café que te tomaste con tus amigas? ¿Cuál fue la última conversación sincera contigo misma? ¿Has notado que siempre eres la última que se entera de lo que pasa a tu alrededor...?

Tal vez sea porque no estás con los ojos abiertos a los demás. Deja que Dios te hable en susurros y tómate un momento para escucharle, no sea que al final el ladrillazo duela demasiado.

@lamiradadesofia
lamiradapositivadesofia@gmail.com

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