viernes, 10 de abril de 2026

Comiendo emociones

Todas hemos experimentado en algún momento la necesidad irreprimible de comer algún alimento sabiendo que no responde a la urgencia de calmar el hambre, a veces de forma consciente y muchas veces de forma inconsciente. Es en estas situaciones en las que estamos dejándonos llevar por otras sensaciones diferentes al hambre. Sería lo que denominamos comer emocional. Pero ¿por qué son las emociones las que controlan nuestro impulso por comer y nuestra elección del tipo de alimento?

No está del todo claro, pero sí sabemos que comer es un placer, no solo por el alimento en sí, sino por todo lo que le rodea: aromas, sabores, ritos culinarios… Todo incide sobre los sentidos.

Comer emocionalmente es usar los alimentos como forma para afrontar las emociones en lugar de para calmar el hambre. Tanto los estados emocionales positivos como los negativos influyen en nuestra alimentación aunque las emociones con mayor impacto son: rabia, tristeza, miedo y ansiedad.

La alimentación emocional es una respuesta a sentimientos, en lugar de a necesidades fisiológicas. Es una forma de evitar el estrés, la tristeza, el enojo, la soledad, u otras emociones negativas. Muchas personas que experimentan la alimentación emocional tienen antojos de alimentos poco nutritivos, como dulces, alimentos fritos o carbohidratos refinados. También pueden tener dificultad para controlar sus porciones y pueden sentirse avergonzadas o culpables después de comer.

La alimentación emocional ocurre cuando comemos para aliviar el estrés o las emociones desagradables, en lugar de comer para saciar el hambre física.

¿Te ha pasado que tus antojos de comida aparecen justo cuando te sientes estresada, triste, o enojada? ¿Alguna vez has sentido que solo comer te puede traer calma? ¿Has comido porciones inusualmente grandes mientras estudias para un examen o preparas una presentación? ¿O justo después de haber discutido con tu pareja?

¿Te ha pasado que sales agobiada del trabajo o con un montón de trabajo para casa y te encuentras en el supermercado buscando algo para comer desesperadamente?

En todas estas situaciones, el hambre es emocional.

Sé que es muy complicado cuando tu mente te está pidiendo un alimento, el frenar el impulso. No pasa nada si no lo consigues a la primera, de lo que se trata es de que aprendas a identificar la emoción que te lleva a querer comerte eso y después decidas si te lo comes o no. Pero te lo comes porque quieres, sin culpa, no porque algo dentro de ti te lleva a comerlo.

¿Me explico? En este momento ya no es tan importante si te lo comes o no, sino desde dónde lo comes: ¿lo decides tú? ¿O es un impulso irracional que no puedes controlar? ¿Ves la diferencia?

Si estás enfadada con tu pareja, con tus hijos, con tu jefe, si la situación se está alargando, sientes que no te escuchan y necesitas comer porque necesitas morder algo ya que si no, metafóricamente, te vas a comer a alguien, pues come ¡claro que sí! Pero ya sabrás que estás comiendo por enfado y que es algo puntual. Lo importante aquí es que una vez hayas reducido el nivel de ansiedad, puedas gestionar ese enfado.

Sé también que es muy complicado comerte una manzana o algunos frutos secos cuando tu cuerpo te está pidiendo chocolate, pero te da margen para pensar. También sé que vas a terminar comiéndote el chocolate, porque el hambre emocional es lo que tiene, que no para hasta salirse con la suya. ¿A que sí?

Sé también que el que dijo lo de comer de forma consciente y despacio, no ha sentido nunca hambre emocional, al igual que comer sin el televisor. ¡Es imposible! Si tu mente no para y te está pidiendo una hamburguesa con mucha salsa, o algo dulce, no vas a poder sentarte tranquilamente a comer despacio un plato de ensalada. Y mucho menos en silencio. La tele nos ayuda a desconectar y desviar la atención de los pensamientos en la comida.

Ahora, que también hay que saber cuándo parar, porque si nos tragamos todo un episodio de una serie mientras comemos, hemos estado comiendo demasiado tiempo y por tanto, demasiada cantidad. ¿Estás de acuerdo?

Al igual que si tengo solo una tarde tranquila en todo el mes, pues ya te digo que me voy a permitir tirarme en el sofá a comer todo lo que pille en la tienda, pero también sabiendo que eso lo hago sólo una vez al mes. El problema es cuando estás triste y te pasas todas las tardes llorando y comiendo en el sofá.

Te invito a reflexionar todo esto conmigo en el nuevo episodio del podcast.

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Recuerda que el mundo es un espejo que refleja la forma en que lo miras, así que míralo con confianza y atrévete a perdonar y a ser perdonada!

Sé feliz! Y siempre, siempre, siempre... brilla desde tu esencia!


Nos vemos en el Camino! ➱💙


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