Este año, asistir a la Hora Santa me ha costado más que nunca. Ha sido uno de esos momentos en los que llevas tanto dolor por dentro que es imposible de expresar en palabras.
¿Cómo acompañar a Jesús en su dolor si yo sólo pienso en el mío? ¿Cómo poder compararlo con el Suyo?
Y es que por mucho dolor que sintamos, creo que ninguno es comparable a saber que tu muerte es inminente y que es el sufrimiento el que te va a llevar a ella.
No obstante, una vez más decidí confiar en Él, entregarle mi dolor y compartir ese ratito con Él. ¡Jamás agradeceré tanto ese regalo!
Y es que yo iba con la intención, tal vez no consciente de regodearme en mi dolor, y ya si eso, compartirlo con Él e intentar suavizarlo..., pero me encontré con la sorpresa de que el Evangelio, en el pasaje de la Oración en el Huerto de Getsemaní, nos ofrece una gran enseñanza para poder afrontar nuestros problemas. ¡Era justo lo que yo necesitaba! Ha sido tan reconfortante para mí, que me veo obligada a compartirlo por si a alguien más le puede ayudar.
Os cuento: En la Hora Santa desglosaron tres momentos de ese pasaje evangélico, tres momentos por los que todos, como seres humanos, hemos de pasar para poder superar un problema o una situación.
1 MOMENTO: PAVOR, ANGUSTIA, TRISTEZA
Mc
14, 33: “Tomó
consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir pavor y
angustia y les dijo: siento una tristeza mortal. Quedaos aquí y
velad”
¿Quién
no ha sentido pavor, angustia, rabia o una enorme tristeza ante un
problema o una enfermedad? ¿Cuántas veces nos hemos revelado contra
aquello que la vida nos ponía delante y que no queríamos?
Nos
sentimos fatal al experimentar estas emociones, porque suelen sacar
lo peor de nosotros.
Ahora
vemos que lo que experimentamos en esos momentos, es muy normal, son
emociones muy humanas, emociones que hasta Dios hecho hombre
experimentó.
La
pregunta es: ¿nos vamos a quedar ahí? ¿vamos a seguir rebelándonos
contra una experiencia que la vida nos pone delante?
2 MOMENTO: ACEPTACIÓN, CONFIANZA
Mc
14, 36: “Decía: ¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí
esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como
quieres Tú”
Superados
el miedo, la rabia y la tristeza, llegamos al momento de aceptación
y confianza. Padre, yo no quiero esto, pero si tú lo has puesto en
mi camino, Tú sabrás porqué. Conviérteme en una persona capaz de
superarlo.
¿Me
convierto en una víctima de las circunstancias? ¿Considero que es
la “cruz” que me ha tocado vivir desde la resignación? ¿Acaso
Jesús fue víctima de las circunstancias? ¿O tal vez cargó con su
cruz para servir a un propósito mayor? ¿Nos da miedo aceptar esa
cruz? ¿Creemos que no seremos capaces de superar la situación? ¿O
confiamos plenamente en que si Dios nos la ha dado es porque podemos
cargar con ella?
3 MOMENTO: ENTREGA EN LAS MANOS DE DIOS
Lc
22, 46: “Entonces les dijo: ¿cómo es que estáis durmiendo?
Levantaos y orad para que podáis hacer frente a la prueba”
Si
Dios ha puesto en nuestro camino una piedra es para que hagamos algo
con ella. Podemos saltarla, rodearla, apartarla... pero algo tenemos
que hacer.
Muchas
veces ante una dificultad no sabemos cuál es el camino a tomar y eso
nos envuelve en un mar de dudas. Generalmente decidimos desde lo que
nuestro ego nos dicta, desde el aparentar, desde el qué dirán... y
nunca salimos de la situación. Parece casi como que entramos en un
bucle en el que se nos vuelve a presentar la dificultad: con otros
nombres, otras personas, otros contextos y cada vez con mayor
intensidad. Siempre vuelve a nosotros porque no hemos sabido
afrontarla correctamente.
Pero...
¿Cómo realizar el aprendizaje, soltar la carga y seguir viviendo?
Jesús
nos da la solución: orad para que podáis hacer frente a la prueba.
La
oración es la solución a todos nuestros problemas, una oración
sincera. Una oración de total entrega y confianza. Una oración de
ponernos realmente en las manos del Padre. Una oración de total
tranquilidad, no poniéndonos en Sus Manos diciendo “que sea lo que
Dios quiera”, sino una oración que nos da la paz de decir: “Señor,
estoy tranquila porque Tú nunca me fallas”. Una oración que nos
da la seguridad de saber que un Padre nunca falla a sus hijos.
Espero que os sirva de ayuda en vuestra oración personal.
¡¡¡Mil gracias a la parroquia San Juan Bosco de Torrent por permitirme vivir esta experiencia!!!
@lamiradadesofia
lamiradapositivadesofia@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario