Todos
hemos sentido miedo en algún momento de nuestras vidas, de pequeños
teníamos miedo al lobo, a estar solos, a la oscuridad, a los
monstruos... Aunque la verdad es que yo no recuerdo haber tenido
miedo a nada.
Después
aparecen otros miedos: al agua, a la gente, al ridículo, al fracaso,
a no ser aceptada... y con el tiempo, los miedos, si no los
afrontamos, van incrementando su intensidad.
Hay
miedos que nos paralizan y que pueden llegar a producirnos fobias o
algún trastorno psicológico, y esos miedos los tenemos
identificados porque sabemos muy bien la angustia que nos producen y
lo mal que nos los hacen pasar, ya sea miedo a los perros, a las
arañas, a hablar en público... Con estos miedos, generalmente,
tratamos de evitar situaciones que nos hagan enfrentarnos a ellos;
algunas tratamos de controlarlos y algunas incluso los trabajan para
poder superarlos, que sería lo más aconsejable.
Pero
aparte de estos miedos, nos surgen situaciones en la vida cotidiana
que no nos dan miedo como lo solemos identificar, que no nos produce
dolor, que a veces incluso no les damos importancia... y son aquellas
cosas que nos van sucediendo y de las que decimos: “Por favor, no,
esto no!!!”
Pues
a esos miedos me refiero, porque aunque no los identifiquemos como
tales, lo son, y si no nos hacemos fuertes ante la situación, la
situación se va a ir complicando a medida que nuestro temor vaya
creciendo. Y es que hay que recordar, que aquello en lo que nos
enfocamos, se expande.
Por
eso, ante las situaciones que no nos gustan, no hay que enfocarse en
lo que no nos gusta, en lo que va a pasar, en el qué dirán... y ya
sé que todas tenemos tendencia a montarnos la película solitas y
hacernos una montaña mental de un granito de arena, pero es que
justo eso, es lo que hace la situación más grande y provoca que
aumente nuestro miedo porque lo vemos como más real y más cercano.
Lo
más peligroso de estos miedos es que no avisan, se entremezclan con
las situaciones del día a día y cuesta reconocerlos, y la mayoría
de las veces, no lo hacemos hasta que es demasiado tarde. Y ahí, en
lugar de ver que la vida nos está reflejando todo el miedo que
proyectamos y mostrándolo como real, lo que hacemos es creer que
todo está en nuestra contra, que no somos capaces, que nunca
lograremos nada... y hacemos una bola mental que nos conduce a una
baja autoestima, a tirar la toalla, e incluso a la depresión. Sin
ser conscientes de que todo eso lo hemos creado nosotras y que sólo
nosotras podemos cambiarlo.
Así
que ante una de estas situaciones, lo que hay que hacer es pararse,
respirar hondo y preguntarse: ¿Qué estoy pensando para atraer esto?
¿Qué estoy sintiendo ante esta situación?
Y
cuando tengamos identificado el miedo o el temor, cambiar los
pensamientos que nos han llevado a generar la situación. Dar las
gracias a la persona o la situación por habernos mostrado un miedo
inconsciente, dar las gracias por la oportunidad de poder cambiarlo,
perdonarnos por los pensamientos que nos han llevado hasta allí,
perdonar también a las personas implicadas si las hay y centrarnos
en lo que queremos en lugar de en lo que no.
Una
vez hecho todo esto, escribir cómo nos gustaría que fuera la
situación, en lugar de la que tenemos y visualizarlo con sentimiento
de gratitud y alegría.
Es
un trabajo costoso a nivel personal, pero merece la pena si queremos
vivir desde la paz interior y sin miedos.
Espero
que os haya servido!!!!
Un
abrazo fuerte!!!
@lamiradadesofia
lamiradapositivadesofia@gmail.com

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