sábado, 11 de febrero de 2017

Los miedos cotidianos

El post de hoy va sobre los miedos. Ayer tuve una experiencia personal muy clarificadora sobre el tema y he querido hacerla extensiva para que os sirva de ayuda y de ejemplo de lo que no hay que hacer.

Todos hemos sentido miedo en algún momento de nuestras vidas, de pequeños teníamos miedo al lobo, a estar solos, a la oscuridad, a los monstruos... Aunque la verdad es que yo no recuerdo haber tenido miedo a nada.

Después aparecen otros miedos: al agua, a la gente, al ridículo, al fracaso, a no ser aceptada... y con el tiempo, los miedos, si no los afrontamos, van incrementando su intensidad.
Hay miedos que nos paralizan y que pueden llegar a producirnos fobias o algún trastorno psicológico, y esos miedos los tenemos identificados porque sabemos muy bien la angustia que nos producen y lo mal que nos los hacen pasar, ya sea miedo a los perros, a las arañas, a hablar en público... Con estos miedos, generalmente, tratamos de evitar situaciones que nos hagan enfrentarnos a ellos; algunas tratamos de controlarlos y algunas incluso los trabajan para poder superarlos, que sería lo más aconsejable.

Pero aparte de estos miedos, nos surgen situaciones en la vida cotidiana que no nos dan miedo como lo solemos identificar, que no nos produce dolor, que a veces incluso no les damos importancia... y son aquellas cosas que nos van sucediendo y de las que decimos: “Por favor, no, esto no!!!”
Pues a esos miedos me refiero, porque aunque no los identifiquemos como tales, lo son, y si no nos hacemos fuertes ante la situación, la situación se va a ir complicando a medida que nuestro temor vaya creciendo. Y es que hay que recordar, que aquello en lo que nos enfocamos, se expande.
Por eso, ante las situaciones que no nos gustan, no hay que enfocarse en lo que no nos gusta, en lo que va a pasar, en el qué dirán... y ya sé que todas tenemos tendencia a montarnos la película solitas y hacernos una montaña mental de un granito de arena, pero es que justo eso, es lo que hace la situación más grande y provoca que aumente nuestro miedo porque lo vemos como más real y más cercano.

Lo más peligroso de estos miedos es que no avisan, se entremezclan con las situaciones del día a día y cuesta reconocerlos, y la mayoría de las veces, no lo hacemos hasta que es demasiado tarde. Y ahí, en lugar de ver que la vida nos está reflejando todo el miedo que proyectamos y mostrándolo como real, lo que hacemos es creer que todo está en nuestra contra, que no somos capaces, que nunca lograremos nada... y hacemos una bola mental que nos conduce a una baja autoestima, a tirar la toalla, e incluso a la depresión. Sin ser conscientes de que todo eso lo hemos creado nosotras y que sólo nosotras podemos cambiarlo.
Así que ante una de estas situaciones, lo que hay que hacer es pararse, respirar hondo y preguntarse: ¿Qué estoy pensando para atraer esto? ¿Qué estoy sintiendo ante esta situación?

Y cuando tengamos identificado el miedo o el temor, cambiar los pensamientos que nos han llevado a generar la situación. Dar las gracias a la persona o la situación por habernos mostrado un miedo inconsciente, dar las gracias por la oportunidad de poder cambiarlo, perdonarnos por los pensamientos que nos han llevado hasta allí, perdonar también a las personas implicadas si las hay y centrarnos en lo que queremos en lugar de en lo que no.

Una vez hecho todo esto, escribir cómo nos gustaría que fuera la situación, en lugar de la que tenemos y visualizarlo con sentimiento de gratitud y alegría.
Es un trabajo costoso a nivel personal, pero merece la pena si queremos vivir desde la paz interior y sin miedos.

Espero que os haya servido!!!!

Un abrazo fuerte!!!

@lamiradadesofia
lamiradapositivadesofia@gmail.com

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